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No es frecuente
que una localidad pueda certificar
más de tres mil quinientos
años
de historia ininterrumpida,
desde que el ser humano se
establece permanentemente
en su demarcación territorial.
Galera tiene la colección
completa de todas las
gentes y culturas que han
concurrido en el varias veces
milenario Sureste peninsular.
A finales del III milenio
antes de Cristo se asienta
en estas tierras gentes vinculadas
al Calcolítico y con
ello inauguran una ininterrumpida
serie de poblados, de acciones,
de presencias más o
menos profundas en su entorno,
de saberes... que llega directamente
al inicio de este siglo XXI
de la era cristiana sin ruptura
alguna considerable.
Escasamente
hay algún siglo allá
en las postrimerías
de la Prehistoria- del que
tengamos oscuras reseñas.
Los demás, más
de treinta y cinco de ellos,
están iluminados por
la esplendorosa luz de estas
culturas del Mediodía
que tanto han dado que hablar
a cronistas, historiadores
e investigadores. Y todavía
no se ha dicho la última
palabra.

Argáricos
de la Castellón Alto
y otros varios poblados vigentes
entre 1600 y 1250 antes de
Cristo, gentes del llamado
Bronce final (-1100) en el
incipiente cerro del Real;
protagonistas de la fase protohistórica
en los macilentos siglos IX
a VI a. de C. aproximadamente;
establecidos en es mismo solar;
la deslumbrante manifestación
ibérica que es la ciudad
de Tútugi entre V y
II a. de C. con una necrópolis
de enterramientos espectaculares;
la profunda romanización
de la ciudad hasta contar
con decuriones entre sus autoridades,
hasta al menos el siglo III;
la constatación de
una población visigótica
con fuerte presencia hebrea
allá por el siglo VII,
patente en el Fuero Juzgo;
el ineludible y decisivo protagonismo
musulmán en esta misma
centuria, que nos lleva sin
solución de continuidad
hasta la rebelión de
los moriscos en 1569.
Aquí
se produce un punto y aparte.
La antigua Galira musulmana
(tierra de cosecha
significa) es arrasada y sólo
dos décadas después
se alza otra villa, la actual
Galera, que se encuentra ya
al alcance de nuestra mano
entre los siglos XVII y el
XXI que estamos inaugurando.
Ilusiones mas o menos cumplidas,
sequías atroces, estremecimientos
políticos, religiosidad
popular, desencanto a veces,
duro trabajo siempre... animan
estos últimos quinientos
años de la villa decana
del Altiplano Granadino.
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